ATAN

La investigación del Gobierno sobre la Piedra Zanata no aclara su origen

Artículo publicado en El Día, el día 17 de noviembre de 1996, en el que se resume la polémica de la "Piedra Zanata", en gran parte descubierta por ATAN

El expediente informativo abierto por la Dirección General de Patrimonio Histórico, del Gobierno de Canarias, en 1994 para aclarar las circunstancias en que se encontró la Piedra Zanata no desvela el origen ni aclara la autenticidad o no del objeto arqueológico más polémico del Archipiélago desde los tiempos de la Piedra de Ossuna, a finales del siglo pasado. Paradójicamente, lo único que queda claro son las dudas. Dudas sobre la versión del principal valedor del objeto, el director del Museo Arqueológico de Tenerife, Rafael González Antón (en la foto).

El informe, una copia del cual obra en poder de EL DÍA, se interrumpió el 25 de enero de 1995 y no incluye resolución final, es decir, no tiene conclusiones. Se trata de una simple compilación de informes, declaraciones y documentos entre los cuales apenas se establece cotejo alguno. Sendas copias de los 320 folios les fueron facilitadas el año pasado al Grupo Socialista del Cabildo y a uno de los interesados, González Antón. Sin embargo, el autor de la denuncia en virtud de la cual comenzó todo el proceso, la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Naturaleza (ATAN), no ha dispuesto de una copia completa del dossier hasta el pasado mes de julio, y eso porque se la entregó el TSJC, es decir, cuatro años después de producirse el hallazgo y más de dos desde que se inició la investigación.

El asunto no está cerrado, ni mucho menos. Al menos para ATAN, que a principios de julio, ya disponiendo de la información completa, formalizó un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior, ante la negativa a que se investigue una posible infracción contra el patrimonio arqueológico y pidiendo que se abra expediente sancionador -no meramente informativo- y se revoque el permiso de prospección al director del Museo Arqueológico.

Si hubiera que resumir el contenido de la información recabada por Patrimonio hasta el parón, habría que apuntar tres conclusiones: Primera: las vicisitudes sobre el recorrido de la piedra que desveló en su día la Prensa son esencialmente ciertas.

Segundo: existen dos versiones sobre el origen del objeto. Una, la de un conductor de la Viceconsejería de Medio Ambiente y un peón agrícola que lo acompañaba, que aseguran haberla encontrado en el monte del Agua (Los Silos) y que después se la vendieron por 2.000 pesetas a un chamarilero llamado Antonio Gorrín, pero le dijeron que el lugar del hallazgo había sido por la montaña de Las Flores, en El Tanque. La razón para mentirle fue, según declaran, "para que él no vaya a escarvar o se lo diga a otras personas", ya que consideraban que es un sitio "de mucha belleza". La segunda versión es la que mantienen el propio Gorrín, que fue aceptada por González Antón. El primero asegura que fue él quien encontró el objeto en discordia, precisamente en la montaña de Las Flores, y que se la vendió después al Museo Arqueológico por 15.000 pesetas.

Y tercera conclusión: aunque el expediente no aporta pruebas definitivas sobre quién dice la verdad, la primera versión tiene varios elementos a favor de su credibilidad, mientras que la de Gorrín y González Antón presenta contradicciones y, al decir de uno de los testigos, el chamarilero miente en un punto clave: lo que hizo con la piedra durante el tiempo que la tuvo en su poder.

Antes de reconstruir la tormentosa historia de la Piedra Zanata, conviene poner al lector en antecedentes sobre el enfrentamiento que ha existido entre González Antón, avalista de la autenticidad del hallazgo, investigador principal de las excavaciones realizadas posteriormente e inspector insular de Patrimonio Histórico de Tenerife, y el instructor del expediente, un funcionario de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes llamado Víctor Caro.

Abogado y recusación

Llega la recusación. La prueba más evidente de esto es que González Antón se hace representar por un abogado en la última parte del expediente y que llega a recusar a Caro como instructor por "comportamiento irresponsable, inquietante y coactivo", amenazando con "el ejercicio de las acciones civiles y, en su caso, penales que pudieran corresponder".

Pero, además, el expediente destila cierto aire de tirantez, apreciable en la reiteración con que el instructor tiene que pedir ciertos documentos necesarios para su investigación y en el tono de algunas contestaciones oficiales. Ya hubo claros enfrentamientos previos a la apertura del expediente, que han quedado en el olvido. Por ejemplo, las negativas a desvelar la situación exacta del supuesto yacimiento arqueológico, requisito obligado para obtener el permiso de prospección.

Era la época del fallecido Celso Martín de Guzmán, el primer director general de Patrimonio Histórico que interviene en el proceso, entonces dentro de una consejería socialista.

Su sucesor, Juan Carlos Domínguez, llega al cargo con el primer Gobierno nacionalista del Archipiélago; hereda el "problema" -porque así es como se ha percibido este asunto en un departamento con otras prioridades- e intenta jugar un papel neutral. Pero se encuentra con que le entregan el conflictivo dossier pocos meses antes de las elecciones autonómicas de 1995 y tiene que retenerlo y hasta ocultarlo. De hecho, Domínguez no decía la verdad cuando, al ser preguntado por este periódico a primeros de febrero de 1995, contestaba que el expediente estaría "prácticamente terminado en quince o veinte días" (ver la edición del día 11 de ese mes) y que se le daría publicidad muy pronto. Lo cierto es que- Domínguez tenía los 320 folios sobre su mesa desde el 25 de enero y su entrega se la han tenido que arrancar los tribunales a su sucesor en el cargo, el actual director, José Manuel Álamo.

La historia del hallazgo en sí comienza en el verano de 1992. En esa época dice haberse topado con la Piedra Zanata Antonio Gorrín, la persona que se la entrega al director del Museo Arqueológico. Afirma que iba solo, recogiendo pinocha, cuando vio el objeto; lo guardó y se lo llevó a su casa, donde lo tuvo casi un mes. En ese tiempo llamó a González Antón para preguntarle si le interesaba el objeto -como ya había hecho otras veces puesto que era un antiguo colaborador del Museo Arqueológico y del Etnográfico-. En esos días le lleva al supuesto yacimiento y acaba vendiendo la piedra, como consta en la factura, ya aireada en su día por los periódicos. Tras esto, Gorrín se limitaría a llevar un par de veces más a González Antón -esta vez acompañado de dos de sus ayudantes- al lugar que este último determinaría luego con más precisión como la colada volcánica de Montaña Reventada. Ahí acaba Gorrín su intervención.

Pero este relato tiene imprecisiones y lagunas importantes. En primer lugar, Gorrín dice que el hallazgo fue en el mes de agosto al principio de su declaración, mientras que al final contesta que pudo ser a principios de julio, si bien hay que recordar que el testimonio se produce dos años después de los hechos.

Pero la objeción más importante es que existe otro testigo que contradice un aspecto determinante de la versión. Se trata del dueño de una tienda de artesanía del barrio de Tamaimo (Santiago del Teide), de nacionalidad alemana, llamado Maximilian Koller, quien asegura que Gorrín, conocido entre sus amigos por Mimes, le llevó a él la piedra para que se la vendiera en la tienda, cosa que no ocurrió. Eso sí, estuvo allí durante dos semanas. Es decir, que Gorrín no la tuvo todo el tiempo en su casa, como declaró.

Además, cuando la llevó al establecimiento iba acompañado de otras dos personas, que Koller no conoce y a las que se refiere como cazadores. Existe un segundo testimonio de que la piedra estuvo en ese comercio, llamado Guacamayo, el de Emiliano Bethencourt, controvertido aficionado a la arqueología, conocido por ser presidente del grupo llamado Confederación Atlántida. Este cita como fuente de su información al conocido antropólogo noruego Thor Heyerdahl, residente por temporadas en Güímar. Pero este último, seguramente inmerso en asuntos más importantes, elude que lo relacionen con el asunto y se limita a declarar por escrito desde Oslo. Sus respuestas, escuetas, responden al sentido estricto de la pregunta. Así dice que sólo ha visto la piedra en los periódicos y que nadie se la ha intentado vender. Desmiente, pues, el núcleo de la declaración de Bethencourt.

El testimonio de Koller también echa por tierra ese testimonio al manifestar que nunca se puso en contacto con Heyerdahl, a pesar de que lo intentó. La intención del alemán era entregarle la piedra -"porque no conoce a nadie del Museo Arqueológico y no sabía dónde tenía que dirigirse"-, pero el científico noruego estaba en el extranjero. Hasta aquí todo lo relacionado con la primera versión del hallazgo. Ahora hablan los que mantienen ser los verdaderos y primeros descubridores de la piedra. Su identidad, Saturnino Gonzalo Martín, empleado de Medio Ambiente, como se decía, y su acompañante, Antonio de León.

Ambos sostienen que iban, "a finales del verano" de 1992, por el monte del Agua, buscando un sendero para ascender a la cumbre del Bolico (término municipal de Los Silos), cuando pisan la piedra, que sale despedida ya que el suelo estaba mojado. No ven ninguna inscripción, debido al barro, pero, por la forma, creen que puede tener algún significado y, dado que conocen a Gorrín, pariente de Antonio de León, y que saben que se dedica a "buscar y comprar objetos de estos guanches", la guardan y se la llevan. Al día siguiente, Gorrín pasa por la casa de Antonio, éste le enseña la piedra y se produce la venta. En ese punto termina su intervención en el asunto.

Un año después de esto, Saturnino comenta el asunto al guarda forestal Julio Andrés Suárez, que es quien, ya en 1994, los pone en contacto con el instructor del expediente.

Este último también declara, pero lo único relevante que aporta es que cree que Saturnino "dice la verdad". Ninguno de los testigos relacionados hasta ahora menciona la inscripción que supuestamente avalaba el origen beréber de los primeros pobladores de Tenerife, a excepción de Antonio de León, quien, por propia iniciativa, dice que nunca pudo ver el grabado porque la piedra "estaba cubierta de barro". Lo cierto es que el instructor, inexplicablemente, no hace esa pregunta a ninguna de las personas que interroga.

Sobre este punto se puede hacer una observación: Saturnino y su acompañante posiblemente no limpiaran el objeto en ningún momento, ya que lo envolvieron en papel, y por eso no pueden aclarar si tenía inscripción alguna. En cuanto a Koller, se deduce que vio la inscripción porque cuando el instructor le pide que identifique la piedra, lo hace sosteniendo en la mano uno de los carteles que editó el Cabildo, y en éstos el objeto aparecía por el lado del grabado. Es de suponer que si a Koller se la hubieran entregado sin ningún signo, lo habría notado, y posiblemente denunciado, en ese mismo momento. Una última consideración sobre las lagunas que dejan todas estas declaraciones: el instructor intentó un careo entre Gorrín, Koller, Saturnino y Antonio de León, pero se frustra porque los dos últimos no comparecen. El primero sí lo hace, pero, después de esperar durante más de una hora al alemán, decide marcharse. Finalmente, llega Koller y se encuentra solo al instructor.

Sea como fuere, el 24 de agosto de 1992 la piedra llega al Museo Arqueológico del Cabildo. Al menos esa es la fecha en que está expedida la factura de compra. Ahí empieza la intervención de su director y el baile de fechas. Según Gorrín, González Antón ya había visitado el yacimiento antes de cobrar él. Sin embargo, el director del museo afirma que fue "en los primeros días de septiembre".

También en el primer informe que entrega al Organismo Autónomo de Museos del Cabildo (OAMC), un mes después de presentarse la piedra, González Antón dice que ésta se la entregaron el 5 de septiembre. El instructor, al interrogarle dos años después de estos hechos, le hace notar la contradicción y obtiene por respuesta que se debe a "un error en la redacción de ese informe". Después completa las disculpas arguyendo que se confunde porque el 5, o posteriores, es el día en que se confirma la lectura de la inscripción. La realidad es, según ese informe, que a Rafael Muñoz se le llama el día 9 y da su opinión el 11.

También contesta González Antón como disculpa que, en todo caso, el OAMC conocía la existencia de la piedra desde el mes de agosto. Sin embargo, releyendo sus propias palabras, se comprueba que: al presidente del organismo, Antonio López Bonillo, se lo dice el 5 de septiembre y que dos consejeros, Melchor Núñez y Mercedes Pérez, se han enterado poco antes de la presentación de la piedra (el 15 de septiembre). En cuanto al presidente del Cabildo, se le informa el día 5. Es decir, los únicos que conocían la existencia de la piedra en agosto eran las colaboradoras de González Antón, las arqueólogas Mercedes del Arco y Candelaria Rosario Adrián, que son quienes le acompañan en los primeros reconocimientos del supuesto yacimiento. El resto del personal científico del museo es mantenido al margen.

¿Cuál puede ser el motivo de que el valedor de la piedra no sea capaz de dar coherencia cronológica a los primeros momentos del proceso? Sea cual sea, hay que recordar que González presentó el hallazgo como fruto del trabajo de campo del museo. Sólo cuando la Prensa descubrió que había sido comprada reconoció que no había dicho la verdad, aunque justificó su conducta con diversas razones que ya han sido publicadas. Prosigamos. El descubrimiento se presenta en rueda de Prensa del 15 de septiembre y, antes de presentar sus primeras conclusiones al OAMC, el 13 de octubre, González Antón obtiene un permiso extraordinario de excavación, con la condición de ir informando puntualmente de sus trabajos.

Sin embargo, no llega a empezar los trabajos porque no accede a comunicar a la Dirección General de Patrimonio Histórico la localización del yacimiento.

Esta situación de tiras y aflojas se prolonga durante año y medio, aproximadamente, ya que no es hasta el 19 de mayo de 1994 cuando presenta otra solicitud, donde razona que "se hace necesario acometer la intervención arqueológica del yacimiento, que ha sido aplazada en razón de su seguridad, que estimamos muy frágil dada la manipulación que se ha ejercido sobre la misma". Ahora sí, González Antón incluye las coordenadas del yacimiento, aunque -nueva contradicción- no coinciden exactamente con las que refleja en la memoria que entregará meses más tarde.

Se abre el expediente

El 20 de mayo es cuando Patrimonio, que ya ha recibido una denuncia de ATAN por presunto expolio, decide incoar expediente informativo. En realidad, se desestiman las consideraciones sobre la posible actuación irregular del director del Museo Arqueológico. Patrimonio lo que admite es el tercer punto de la exposición del denunciante, que dice textualmente: "El Sr. Gorrín, vendedor de la pieza "arqueológica", no comunicó el hallazgo inmediatamente (en el supuesto de que fuera un hallazgo casual) a la Administración competente". A partir de esa evidencia, se admite que no queda claro quién, cómo y dónde halló la pieza, por lo que se decide investigar. En la misma resolución se nombra instructor a Víctor Caro, un abogado que trabaja en la Dirección Territorial de Cultura de Tenerife, quien, cuatro días más tarde, pide que sus actuaciones se declaren de carácter reservado. Las principales pesquisas de éste son la toma de declaraciones juradas a las personas que se han citado en este artículo y ya han sido resumidas, pero no las únicas. También hubo dos intentos fallidos de averiguar la autenticidad de la piedra mediante el auxilio de la ciencia.

En primer lugar pide un estudio sobre la antigüedad de los grabados al Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, del Ministerio de Cultura. Este responde, resumidamente, que lo que ha averiguado no aporta ninguna novedad y que para llegar a conclusiones más certeras son necesarias dos cosas: unas técnicas de las que no dispone el centro y arrancar de la piedra un trozo considerable. Resultado, que no disipa las dudas sobre si la inscripción data de hace siglos o sólo de unos meses.

Más tarde, el instructor encarga analizar una muestra de tierra recogida en el monte del Agua, es decir la localización de los primeros "descubridores". Se hace el 30 de noviembre de 1994, dos años después del hallazgo, se supone que para comprobar si coinciden con los restos que tuviese adheridos todavía la piedra. Sin embargo, no aparece en el expediente ninguna referencia al valor probatorio del análisis. Ningún comentario o comparación.

Curiosamente, Antón incluye en la memoria final en El Tanque una analítica del barro que impregnaba la piedra y los datos, aunque son más escuetos, coinciden parcialmente con los que da la tierra procedente de Los Silos. El lugar donde se hacen ambos análisis es el mismo: el servicio de Difracción de Rayos X del Departamento de Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, aunque los técnicos que firman ambos informes son distintos. Finalmente, se incluyen en el expediente las opiniones del inspector regional de Patrimonio Histórico, Julio Cuenca, tras visitar los dos lugares que se barajan como emplazamiento del hallazgo de la piedra. Del monte del Agua dice que "no se aprecian vestigios arqueológicos de ninguna clase". Y de la montaña de Las Flores explica: "En nuestra opinión el sitio no parece presentar potencia arqueológica. No obstante, partiendo del supuesto de que la Piedra Zanata pudo ser encontrada en el mencionado recinto, y dada la problemática que envuelve su origen y autenticidad, consideramos procedente que se lleve a cabo cualquier acción encaminada a determinar su verdadero valor científico". Antón reflejará luego en su informe final la visita: Cuenca "ante el equipo del museo ratificó la existencia del yacimiento, que venía siendo cuestionado por la Prensa. Tanto es así que informó favorablemente nuestra petición de excavación, cosa que no hubiera podido suceder si no existiera el yacimiento". Como se ve, la interpretación de la opinión de Cuenca es bastante optimista."

Un tal Carlos

En un momento de la declaración de Emiliano Bethencourt, éste cita a un tal Carlos, del que dice que sólo recuerda el nombre y su acento claramente sudamericano. Bethencourt sostiene que este personaje aparece un día por su casa y que le ofrece "unas piedras grabadas" a cambio de dinero. Le contesta que él no compra objetos arqueológicos, pero que le interesa conocer el lugar donde los encontró. Quedan citados y Carlos le lleva justamente a la colada de Montaña Reventada, "cerca de siete goros de piedra", apunta Bethencourt. Es decir, el lugar del hallazgo que defiende González Antón, aunque él habla de "cinco recintos circulares".

Pero hay una segunda coincidencia curiosa. Un historiador que trabaja en La Laguna, que prefiere quedar en el anonimato, declara a este periódico que semanas antes de presentarse la Piedra Zanata apareció por su lugar de trabajo un individuo que le enseña una piedra grabada para que le asesore sobre su significado. Amén de explicarle que quien le haya enviado se ha equivocado ya que él no es arqueólogo, nuestro historiador no presta demasiada atención al objeto porque le inquieta que su interlocutor conozca su nuevo domicilio, cuya dirección por entonces no ha comunicado a casi nadie. Por eso sólo recuerda una cosa de aquel encuentro: su visitante tenía acento claramente argentino o uruguayo. ¿Es éste el mismo personaje que visitó a Bethencourt? ¿De ser así, existen más piedras parecidas a la Zanata por los parajes de Montaña Reventada? ¿O se trata de una simple coincidencia? Puestos a especular, ¿se conocían Carlos y Gorrín? ¿Pudo ser el sudamericano uno de los dos "cazadores" que cita Koller como acompañantes de Gorrín cuando le lleva la piedra a la tienda, y que ninguno de los dos identifica?

17 Noviembre 1996


Tenerife


Rafael González Antón


Tamaimo: tienda donde se vendió la piedra


Artículos relacionados

- Artículo resumen publicado en El Diario de Avisos 17 Noviembre 1996
- Cronologia, publicada en El Día 17 Noviembre 1996


Patrimonio

- Descubra como expolian el patrimonio de las islas en nuestra WEB.

Ir a...