ATAN

Chillida y Tindaya

Ha muerto Chillida, ha desaparecido el más famoso escultor vivo del siglo XX, él era uno de los pocos que el destino ha consagrado en vida y, como tal, tiene un capítulo propio en las enciclopedias de arte. Fue profeta en su tierra vasca y también en su patria: el mundo. La práctica totalidad de los medios de comunicación dedicaron varias páginas al óbito del admirado artista, editoriales, biografías, memorias o artículos de las más afamadas firmas literarias y artísticas son la prueba del gran reconocimiento que gozó el genial escultor. Pero, a veces como lamento, otras como una maldición e, incluso, como causa de dolor y muerte, una palabra sobrevuela una gran parte de los comentarios, una palabra recurrente y que para siempre quedará asociada a Chillida: Tindaya, el nombre de la montaña majorera que el escultor hizo saltar a la fama.

Pero mucho antes, cuando aún Chillida no conocía la montaña que le hizo soñar despierto, Tindaya tenía historia. Para generaciones de majoreros es lugar de brujas, de comunicación con el más allá. Para los geólogos es algo singular este pitón traquítico cuyas rocas, alteradas por los fenómenos hidromagmáticos, constituye una de las maravillas de la naturaleza isleña Los botánicos reclamaban su protección por la existencias de varios endemismos exclusivos de Fuerteventura, es el caso de Aychryson bethencourtianum que se encuentra en grave peligro de extinción. Los zoólogos conocían que sirve de refugio a especies muchas de las cuales están catalogadas como raras. Allí nidifica una pareja de "aguilillas", (Buteo buteo insularum) y comparten este espacio con otra de Cuervos (Corvus corax tingitanus), especie que, desgraciadamente, se encuentra en regresión en todo el archipiélago. Lo mismo le ocurre al Camachuelo Trompetero (Bucanetes githagineus amantum), que frecuenta las laderas y partes bajas de la montaña. Todavía se pueden observar en Tindaya importantes concentraciones de Tarabilla Canaria (Saxicola dacotiae). Los arqueólogos hace muchos años que reclamaron la protección de los restos y de los grabados dejados por los aborígenes de Fuerteventura en las faldas de la montaña, mientras que los etnólogos resaltaban su papel en las tradiciones majoreras y su importancia en la cultura insular.

Tanta belleza no podía pasar desapercibida, pronto se fundaron empresas con el fin de arrebatar a la montaña su esencia, lo que la diferencia del entorno y la hace singular: su roca, la piedra de extraños dibujos que sustentan su imponente fisonomía. Por primera vez en su historia, Tindaya era mirada con los anteojos del dinero; con ellos, sólo se ven los millones que valen sus toneladas de montaña, todo lo demás deja de existir porque ya no tiene interés económico, las antiparras no dejan ver otra cosa. Suntuosos edificios comienzan a ser vestidos con lienzos de rocas arrebatadas y esta mezcla de dinero y Tindaya consigue su mejor expresión, simbólica y artística, en el edificio de la sede principal de la Caja de Canarias pues, su fachada, está totalmente cubierta con piedra de Tindaya. En aquellos años, que ahora nos parecen tan lejanos, ecologistas, botánicos, geólogos, geógrafos, arqueólogos, historiadores... protestamos por la sangría que se estaba haciendo a Tindaya. Denunciamos que la demanda de una piedra tan bella convertiría la sangría en una hemorragia que acabaría con la montaña en muy poco tiempo. Se consiguió contraponer, a la razones del dinero, los argumentos de la ciencia, de la historia, de la ecología y de la cultura y en la LEY 12/1987, de 19 de junio, de declaración de Espacios Naturales de Canarias, fuera Tindaya el que primer espacio que se cita para Fuerteventura. Las canteras tendrían que cerrarse, la montaña podría seguir destacando en el paisaje, albergando plantas y pájaros y guardando los recuerdos de los primeros habitantes de la isla.

Era un sueño, Tindaya, y por culpa de una noche de insomnio de Chillida, despertó al verse imaginada desposeída de sus entrañas, expuesto su interior a las luces de los astros, los pájaros idos, las plantas pisadas y ahogadas por el polvo y, sus recuerdos, los que había conservados durante siglos, desaparecidos en el maremagno de la gran obra que, según su autor, haría pequeños a los todos los mortales. (Aunque, dicho sea de paso, eso lo hace sentir Tindaya sin necesidad de añadidos ni de vaciados). Lo que sí se ha conseguido con el proyecto de Chillida , y esto si que es novedad en la historia de la montaña, es hacer muy ricos a unos pocos. Eso es la peor, Tindaya ha quedado asociada al mal de nuestra sociedad: la deshonestidad y la corrupción. En esta ocasión, los promotores canarios se aprovecharon de la excusa del arte para tratar de ocultar el gran negocio que ha supuesto el Proyecto Monumental de Montaña Tindaya.

La viuda del gran artista vasco, en una entrevista publicada en los periódicos de su tierra, culpa a los "llamados ecologistas" de haber hecho "mucho daño a Eduardo" y nos acusa de haber destruido algo muy bonito. Y añade: "Eduardo ha cumplido todos sus sueños, excepto Tindaya. Nada de lo que ha querido hacer y ha hecho fue por otro motivo que porque le salía del alma". De pocas personas se puede decir a la hora de su muerte que cumplió, menos uno, sus sueños y que ha podido hacer en vida todo lo que le salía del alma. Nos alegramos por él; pero su único sueño incumplido, era y es irrealizable; la razón es sencilla y fácil de comprender cuando se vive en un estado de derecho: Tindaya es un espacio natural protegido y sus numerosos restos arqueológicos amparan legalmente su conservación. Las leyes no hacen, en las sociedades democráticas, excepciones con los genios porque, incluso ellos, son pequeños al lado de Tindaya y de la naturaleza de Fuerteventura.

Esperemos que los tribunales depuren las responsabilidades y castigue a los que quisieron, y todavía pretenden, convertir Tindaya en la cueva de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Que la montaña mágica de Fuerteventura siga peinando con su cima a los alisios, sus laderas cobijen eternamente a los seres vivos (también a las brujas) que la han elegido como hogar y que siga conservando en sus arrugadas laderas los recuerdos grabados por los majos. Dejemos descansar a los muertos, dejemos en paz a Tindaya.

Eustaquio Villalba Moreno
Portavoz de ATAN

26/08/2002


Fuerteventura

Fotos

- Fotos de la montaña de Tindaya

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