ATAN

Un bucio suena y retumba

En memoria de Juan, mi padre.

"De ninguna acción de la vida, ni en el ámbito público ni el privado, ni en el foro ni en la casa, ya hagas algo tú solo, ya juntamente con otro, puede estar ausente el deber, y en su observación está puesta toda la honestidad de la vida, y en la negligencia toda la torpeza".

"Debemos seguir la naturaleza como guía, poniendo en común lo que puede ser útil a todos con el intercambio de servicios, dando y recibiendo, y hacer más íntima la sociedad de los hombres entre sí, con nuestro ingenio, con nuestro trabajo y todos los medios de que dispongamos".

"Hay dos tipos de injusticia: el primero, de quien injuria a los otros, y el segundo, de aquellos que, pudiendo, no defienden a los injuriados".

"Es un gran mal que de los espíritus más eminentes y de los ingenios más espléndidos, suele adueñarse la ambición de los honores del mundo, del poder y de la gloria, razón por la cual hay que precaverse contra esos impulsos".

"Varias son las causas por las que los hombres faltan a la defensa de otros y abandonan ese deber: o no quieren buscarse enemistades, fatigas y gastos, o bien por negligencia, pereza o flojedad(…)"

"En los juramentos hay que pensar siempre cuál es la intención de la promesa no cómo suenan las palabras".

"No hay género de injusticia peor que la de quienes, en el preciso momento en que están engañando, simulan ser hombres de bien".

De officiis" (Sobre los Deberes) Marco Tulio Cicerón (106-43 a.c.)

UN BUCIO SUENA Y RETUMBA.

Un bucio suena y retumba, por los barrancos isleños, llama al tagoror de los cuerpos y las almas.

Guajara está llorando, llora lágrimas de sangre, porque ve lo que sus hijos y los hijos de Echeide le han hecho a su tierra, Tinerfe. Donde antes hubo monte, luminosas y cristalinas fuentes y animales que poblaban el agua el aire y la tierra, ahora se extiende como la carcoma el gris y el negro necrosante que interrumpe los cauces, que son como las venas de la isla y al verse interrumpidos la sangre que es el agua, no fluye más y el cuerpo se muere.

Bajo el escudo de pinos que la protege, y hasta el mar, Guajara ve como el mundo que ella ha conocido desaparece, se transforma hasta hacerse irreconocible. Sus hermanas las piedras y los roques son despreciados por sus hijos, machacados en polvo, convertidos en grises bloques y luego colocados de nuevo sobre la piel de Tinerfe que ya no puede respirar.

Lo que su amado Echeide regaló a sus hijos, para ellos no tiene ya valor.

Y las hermosas piedras blancas en las que Echeide dejó esculpido su amor por Guajara, son ahora abatidas al suelo.

Enormes surcos que parecen no tener fin horadan la piel de Tinerfe y en ellos se depositan los despojos que los hijos de Guajara no paran de crear. Y más abajo, a oriente de donde descansa su hermana la Roja, el mar pide ayuda a Guajara.

Ha oído que sus hijos, los hijos de Guajara, van también a herirle a él colocando una de esas cicatrices grises sobre su superficie y hasta su mismo fondo. En él han de atracar grandes navíos llenos de enormes bloques de acero que dejarán su huella en forma de ponzoña negra y la vida que habita el mar acabará muriendo de pena. Ni la amenaza del hermano viento de abatir los barcos y sus bloques ha servido para que algunos de los hijos de Guajara desistan de sus sueños locos.

Y las sebas no paran de pedirle al mar que las proteja, y las tortugas buscan ya nuevas moradas donde resguardarse, y los padres peces no habrán de alimentar más a los hijos de Guajara porque sus peces hijos no han de nacer más en sus aguas.

Y dicen que Roja ha salido también de su letargo y ha comenzado a llorar, como su hermana, lágrimas de sangre, rojas como su piel. Ya no llegará la arena a descansar a sus pies, a hacerle cosquillas al ponerse cómoda en su regazo.

Y el mar ha llevado su lamento hasta las costas de Tamarán y el Nublo dicen que se ha quejado a Tindaya y ésta se lo ha dicho a Famara, y Famara llora ante Idafe, e Idafe grita furioso y el grito despierta a Agando que despierta al Roque de la Bonanza.

La esperanza se agota y Guajara y Roja desfallecen.

Los hijos de Guajara han de consumar su último capricho y Echeide se revuelve inquieto.

Un bucio suena y retumba, por los barrancos isleños, llama al tagoror de los cuerpos y las almas. Los hijos de Guajara y Echeide han oído la llamada, han visto las lágrimas rojas y las cicatrices grises, los lamentos del mar y la amenaza del viento. Y por un momento piensan lo que van a hacer. A ese tagoror han sido convocados todos los que moran sobre la piel de Tinerfe, los hijos de Guajara y Echeide.

Algunos se hacen oír despreciando las lágrimas de su propia madre y las demás señales, son los del bando más poderoso, los dueños de los pastos y los de tamarcos más lustrosos, sus bucios han llamado a consumar el ultraje, a hacer suyo el mar. Ya no creen en el sendero de la luz sobre el negro cielo nocturno, ya no respetan otra forma de vida, desafían con arrogancia lo que miles, millones de años han construido muy despacio y sin estridencia.

Creen que ya no necesitan a los demás seres vivos y adoran los surcos negros y grises que ocupan espacios donde antes había piel viva y respirando. Y Tinerfe se asfixia poco a poco, pero sin pausa y Tinerfe se muere despacio pero irremediablemente.

Los demás hijos de Guajara se sienten confundidos por los bucios de sus hermanos y dudan si hacer oír su voz. Sienten que lo que se quiere hacer no está bien, que Tinerfe les hará pagar todos y cada uno de los ultrajes que han hecho sobre su piel y que el mar les dará la espalda ofreciéndoles su azul eterno, vacío y muerto.

Y en la duda algunos hablan, sus bucios rotos por sus hermanos, y dicen que van a marchar como lo hacían sus antiguos, desde el Lugar de la Paz entre todos los hijos de Guajara, y van a decirle a sus hermanos que no quieren seguir viendo llorar a su madre, que no quieren seguir asfixiando a Tinerfe, que no quieren profanar el mar.

Y en la hora doce marcharán no contra sus hermanos, sino contra la muerte de Tinerfe, no contra el progreso de los surcos grises y negros, sino por la vida y el aire para la piel de la tierra, no contra el desarrollo de unos pocos, sino por el diálogo entre muchos. Hermanos, hijos de Guajara, de Idafe y de Tindaya, del Nublo y de La Bonanza, de Agando y de Famara, les están llamando, por el futuro de Tinerfe, por la vida de ustedes y la de los futuros hijos de Guajara, por el mar y sus pobladores, por lo que más quieran…únanse a la marcha.

Jaime Coello Bravo, hijo de Guajara y de Echeide

26 Noviembre 2004


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