Refinería

Santa Cruz es la única capital, de más de 100.000 habitantes, que alberga, dentro de su casco urbano, una refinería de petróleos. Ésta, que ya ha cumplido los 70 años y sigue sin jubilarse y sin plan de jubilación a la vista, está rodeada, por todos sus límites, excepto por el marítimo, de próximos y populosos barrios. Y, además, dada la forma de punta de trompa de elefante que tiene Santa Cruz --al estar rodeada por el mar, la cordillera de Las Mesas-Los Campitos-Anaga, la rampa La Cuesta-Taco-La Laguna (totalmente construida)-- hacen que las dos únicas vías de escape relevantes de nuestra ciudad (Autopistas Norte y Sur) salgan JUNTAS y BORDEANDO los muros de la Refinería. Es una ciudad RATONERA; pero lo peor es que la ratonera se puede convertir en un infierno.
Los "santacruceros" nos hemos habituado, a la fuerza y por costumbre, a vivir en este polvorín, sin la conciencia permanente de que nuestras vidas son completamente diferentes de las de los habitantes de cualquier otra ciudad (Las Palmas, Sevilla, Madrid, Valencia, etc.). No nos acordamos de que, a poca distancia de nuestras casas, se almacenan y procesan --a altísimas presiones y temperaturas-- cantidades millonarias de toneladas de productos petrolíferos gaseosos y líquidos e hidrógeno, muchos de los cuales son altamente explosivos y/o inflamables.

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